Médico venezolano dirige escuela de medicina en Chile

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Lejos de la tierra del sol amada, bajo otro cielo a miles de kilómetros del suyo y rodeado de desiertos floreados, vive el médico venezolano Francisco Arocha, escogido para ser el primer director de la recién abierta Facultad de Medicina en la Universidad de Atacama, al norte de Chile.

Nació hace 57 años en Maracaibo, y con el humor que caracteriza a los zulianos soltó una risa tímida e incrédula al preguntarle si sentía que era el Andrés Bello de esta generación, por haber impulsado y ayudado a crear la carrera universitaria en esta región del país sureño.

–Nooooo, tampoco así. Yo estoy en una pequeña región de Chile, grande en extensión pero no muy poblada; tenemos alrededor un gran desierto. Andrés Bello hizo muchas cosas, todo en la capital, en Santiago”, dijo mientras seguía riendo por la comparación.

–¿Pero en pequeño, puede hacerse el paralelismo?

–Bueno, sí, imagino que cuando escriban la historia de esta Facultad mi nombre estará allí por ser el primer director, un venezolano.

Francisco Arocha, profesor jubilado de la Universidad del Zulia (LUZ), especializado en microbiología, con postgrado en infectología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y doctorado en Ciencias Médicas, maneja la consulta de infectología en el Hospital Regional San José del Carmen de Copiapó, capital de la región de Atacama.

En la Universidad de Atacama no existía la Facultad de Medicina; sin embargo, el proyecto de abrir esta línea estaba planteado. Hasta hace unas semanas la oferta era de carreras relacionadas con la ingeniería, sobre todo por la zona que los rodea: minas de cobre, oro, hierro.

“Aquí fue donde ocurrió el accidente de los 33 mineros”, apunta el doctor durante su relato.

Pensó que podría ofrecer algunas horas de clases en la institución, pero en la Universidad quisieron algo más.

“Me contactaron desde la universidad. Vieron en mi curriculum lo que había hecho durante 25 años en LUZ, que había publicado 15 trabajos científicos en revistas internacionales… y les gustó. Me pidieron que les ayudará a hacer el diseño curricular de la carrera, de las asignaturas. Comencé en junio del año pasado (2017)”, detalló Arocha.

Un buen día dijeron que necesitaban a alguien para el cargo de director y le preguntaron: ¿Usted está interesado?

“Les dije que no, yo no quería dejar mi consulta, a mis pacientes. Pero ellos llegaron a un acuerdo con la dirección del Hospital para compartir mi tiempo entre la atención médica y el trabajo en la universidad. Así fue que acepté el cargo, en diciembre”, narró.

─¿Cómo se ha sentido con el trato que ha recibido de los chilenos?

─Existe un respeto muy fuerte por el médico venezolano.

En el Hospital de Copiapó trabajan 40 egresados de Venezuela, entre ellos su esposa, Mariela Elizabeth Quinteros Villanueva, en el área de oftalmología. En Chile, hay escasez de médicos, más aún de especialistas y con doctorados.

“Hay regiones donde el 80 % de los médicos son venezolanos. El paciente chileno es muy agradecido; cuando apenas asomo la posibilidad de regresarme a Venezuela unos se ponen bravísimos y otros lloran”, relató Arocha.

Recordó que en la Universidad del Zulia era profesor de entre 300 a 600 alumnos cada año. En Atacama, la Facultad arrancó con 38 inscritos.

“El costo es un punto, pero también existe un régimen muy estricto de selección. Los jóvenes deben haber rendido muy buenas notas durante su educación media y luego, pasar con más de 750 puntos un examen que se llama PCU. No es fácil, solo así pueden optar por la carrera de medicina”, contó Arocha.

En la actualidad trabaja en la parte administrativa, como director, pero para el año próximo cuando se inicien las materias de microbiología e infectología, está planteado que enseñe en dichas cátedras.

“Cuando la carrera avance, probablemente estaré con los alumnos en su práctica profesional y daré clases de medicina preventiva y familiar, las cuales también forman parte de mi especialidad”, relató el médico infectólogo.

La inseguridad los movió a irse

Francisco Arocha viajó junto a su esposa e hijo menor para reencontrarse con sus dos hijos mayores, Manuel Francisco y Andreina Elizabeth, quienes decidieron en el año 2015 emigrar a Chile después de vivir amargas experiencias con la inseguridad y la persecución política. En el caso de su hija, por ser activista de un partido opositor al gobierno venezolano.

Pasó poco más de un año –noviembre del año 2016–, después de la graduación como Contador Público del menor de los Arocha, para que el profesor, su esposa y Ricardo Andrés dejaran su hogar en Maracaibo para comenzar una nueva vida, ahora como extranjeros.

“Mis hijos impulsaron esta decisión, ya tenía casi un año sin verlos. Ellos nos decían que estaban preocupados, que veían las noticias sobre los disturbios y los muertos; nos pedían que nos fuéramos y que nos ayudaban a empezar nuestra vida en Chile”, cuenta Arocha.

Antes de tomar la decisión definitiva, indagó sobre sus posibilidades laborales y conversó con un colega que vivía en el país sureño, quien le explicó que podía ejercer su carrera, pero primero debía presentar y pasar un examen llamado Eunacom.

“Estar en Venezuela y tener a nuestros hijos tan lejos era difícil. Ahora, para que tengas una idea, estamos a una distancia parecida como desde Maracaibo a Caracas. Si tomamos un avión llegamos en menos de una hora y en carro tardamos un promedio de siete horas para llegar a la casa de nuestros hijos”, comentó emocionado.

Sus tres hijos viven en Santiago de Chile; con ellos estuvieron las primeras semanas cuando emigraron. Luego vivieron en Valparaíso, en la casa de su cuñada.

La mudanza hacia Atacama fue por motivos laborales: allí fue donde los esposos Arocha Quinteros recibieron respuesta a la petición de empleo.

–¿Cree que exista emergencia humanitaria en Venezuela?

–Te lo explico así: en los últimos meses, antes de emigrar, la mayoría de mis pacientes murieron por falta de antibióticos. Yo trato a personas con infecciones graves, como la septicemia; es algo muy frustrante… En mi caso, sufro de tensión alta y ni siquiera como médico podía conseguir la medicina que debo tomar. Aquí en Chile la consigo en todos lados… Es evidente que hay una crisis de sanidad, si no ¿cómo se explican los miles de venezolanos que a diario atraviesan las fronteras de Brasil y Colombia en busca de un mejor futuro?

 

¿Qué piensa de los médicos que siguen en Venezuela?

–Siento que son valientes y los admiro. Hay que ser un superhéroe para trabajar sin tener con qué, sumado al peligro de que los agredan y la inseguridad en los hospitales… Claro, irse a otro país también es un riesgo, no es fácil. En mi caso tenía dónde llegar, nuestros hijos nos apoyaban, pero quienes no tienen esa ayuda se juegan un número de lotería, a algunos le sale y a otros no.

–¿Cuál es su recomendación para quienes emigran?

–Primero que se asesoren bien y no se dejen engañar. Muchas personas se aprovechan de los inmigrantes, los engañan, estafan. Cuando me venía a Chile me asesoré en el propio consulado que está en Maracaibo, allí fueron muy amables. En cambio, sé de colegas que han caído en las trampas de quienes les dicen que gracias a ellos podrán pasar el examen Eunacom. En algunos casos estos individuos ni siquiera son médicos y otros, aunque sí están graduados, ni siquiera han presentado la prueba.

Cuando alguien les diga: deposítame tanta cantidad dinero que yo te ayudo, duden, sospechen.

–Usted es un ejemplo a seguir. ¿Cómo se siente al saber eso?

–Mucha responsabilidad, porque sientes que todo el mundo te está mirando y está pendiente de lo que hagas… no estoy acostumbrado a eso. Aquí estamos trabajando, es lo que hacemos y hacen todos los venezolanos que he conocido en Chile.

–¿Qué es lo más difícil de ser extranjero?

–Hay muchas cosas difíciles… la comida, las costumbres… extrañar a la familia que se quedó, mi casa, los amigos. Uno nunca termina de irse. Por ejemplo, yo comparo esta situación con la vez que tuve que irme a Caracas a hacer el postgrado. Era completamente diferente, porque yo decía “estudio y me regreso”. Ahora no sé si voy a regresar a Venezuela.

–¿Extraña el patacón?

–No, aquí hay plátanos, se pueden hacer. La comida que extraño es el queso, aquí no hay nada parecido al queso de Venezuela

–¿Cuando Venezuela regrese a la normalidad, usted regresará?

–¡Sí!

Su respuesta no tuvo lugar a dudas y de inmediato hubo un silencio nostálgico. Aclaró que sería algo que tendría que hablar con su familia, pero sabe que su esposa piensa igual.

“Con los hijos es diferente; ellos están haciendo su vida aquí. Mi hijo mayor se acaba de casar…con una venezolana”, sonrió.

Antes de finalizar la entrevista, se puso a la orden para los médicos especialistas que deseen preguntar sobre las posibilidades laborales.

“En Chile cuentan conmigo”, insistió el médico, que emula, aunque sea en una parte, las hazañas logradas por el ilustre maestro Andrés Bello cuando vivió en Chile y dejó marcada su huella en la nación sureña.

Con información de: El Pitazo

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