Esther Capriles: la historia jamás contada

Esther
Esther Capriles y Guillermo Jiménez SoyPuertoOrdaz

Calidez. Hogar. Familia. Es lo que se respira en la acogedora casa de Esther Capriles en la calle Baleares, frente a la plaza Chipia de Los Olivos, donde funcionó hasta el jueves 31 de mayo, la escuela de natación que lleva su nombre.

Nos abre las puertas de la casa el señor Guillermo Jiménez (esposo de la nadadora de varias medallas para Venezuela con su talento en estilo mariposa) y se presenta como “de Capriles”. Allí da sus primeras señales de la historia de amor que está detrás de este semillero de nadadores desde 1977.

Ofreciendo qué tomar y buscando fotografías, la pareja demuestra que siempre han estado acostumbrados a recibir visitas. En esta oportunidad, un grupo de jóvenes decidía escuchar “su historia” y no la del cierre, que ya se sabía, sino de ellos, de esa familia que decidió ofrecer la mitad de su nido para que más de 60 mil chamos aprendieran a nadar y decidieran formarse como atletas.

A la señora Esther no le gusta que el señor Guillermo mencione la hiperinflación, siendo una de las causas de la decisión que puso tristes a muchos guayaneses. Ella trata de mantenerse fuerte, mientras su esposo nos da una clase de Economía digna de la universidad. Aprieta el dije de la cadena que lleva puesta, como quien reservara un luto y le pide no hablar de eso.

El tema económico llevó al señor Guillermo a recordar sus 15 años en la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y de cómo, aunque él era de Onoto, estado Guárico y la joven Esther de Caracas, decidieron unirse y formar un hogar en la pujante Guayana, donde apenas existía el edificio de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG).

En un principio vivieron cuatro años en Mapanare, como muchas otras familias sidoristas, pero luego se mudaron a su residencia actual en Los Olivos.

¿Cómo nació la idea de la escuela de natación?

Los hermanos de la señora Esther (tan buenos en esta disciplina como ella) ya lo habían hecho en Caracas, así que el señor Guillermo se le ocurrió replicar esa experiencia en Puerto Ordaz.

Además, esto le permitía trabajar en casa a la señora Esther, mientras él trabajaba en Sidor.

“Le pregunté a los Capriles cómo habían hecho y yo mismo diseñé, construí, busqué la plata”, cuenta el señor Jiménez. Aunque admite que no fue fácil, porque en aquel momento los bancos no aprobaban créditos para la construcción de piscinas, así que la hicieron en paralelo con el dinero que sí les habían otorgado para su casa.

– ¿Qué estuvo listo primero?
– La piscina (Risas)

La pareja fue pionera en todos los sentidos. En mudarse a una ciudad que apenas estaba naciendo y allí fundar una escuela de natación.

¿Por qué escogieron el nombre Esther Capriles?

Una vez más el señor Guillermo recordaba orgulloso la carrera de su esposa, quien siendo pupila de Alfonso Victoria ganó en importantes competencias en el ámbito nacional e internacional.

Inolvidable las 4 medallas de oro al estilo libre, mariposa, combinado individual y relevo con el Campeonato Gran Colombiano de Natación Ecuador 1961. Los deportivos nacionales en Caracas 1961, donde obtuvo el 1er lugar en relevo, 100 metros mariposa, y combinado individual, compartiendo piscina junto a sus coterráneas Mestre y Capriles.

También tuvo la oportunidad de ir en 1961 a los Juegos Bolivarianos en Barranquilla donde obtuvo medalla de oro en 100 metros mariposa, combinado individual y relevo, y más adelante, en 1962 viajó a los Suramericanos en Buenos Aires con una actuación impecable en los 100 metros mariposa. También hizo lo propio en los Panamericanos en Sao Paulo 1963, en el que los expertos apostaban por países como EEUU y México.

Todo esto ocurrió antes de que ella se lesionara mientras se preparaba como profesora de Educación Física en el primer liceo con piscina en Caracas, el Gustavo Herrera, que por cierto fue inaugurado por el presidente Rómulo Betancourt.

“Nosotros nos lanzamos e inauguramos esa piscina con Rómulo Betancourt ahí al lado”. Pero ese no sería su único encuentro presidencial.

Estos hechos puntuales son tan solo un resumen, de todas las cualidades que menciona el enamorado señor Guillermo de su esposa Esther, quien a su juicio, tiene más que merecido el nombre de la escuela de natación.

Esther Capriles se quedará por siempre en Guayana
Esther Capriles, fundadora de la escuela de natación en Puerto Ordaz, hija del nadador, clavadista, ciclista y gloria deportiva venezolana Teo Capriles (1907-1982)

Luchador social

Pero él no se queda atrás. Guillermo lideró la primera Asociación de Vecinos de Guayana, que se hizo en su urbanización. Su primera lucha: evitar la construcción de tres “super bloques” por parte de Inavi, en lo que es ahora, la plaza Chipia. Lo lograron y al lugar acudió el presidente Luis Herrera Campins.

Sí, conocieron a dos presidentes de Venezuela.

Pero ese es otro tema.

En primer lugar, lo importante de esta historia es la lucha de esta familia que no solo está conformada por Guillermo y Esther, sino por sus retoños, María Esther y Guillermo Isaac, que se criaron también entre las aguas, porque hasta apoyaron en los planes vacacionales.

En segundo orden, la cosecha de tantos años de dedicación.

Guillermo Jiménez, esposo de Esther Capriles
Guillermo Jiménez, sidorista y fundador de la Escuela Esther Capriles

¿Consideran ser parte de varias generaciones?

“Ofrecimos la oportunidad de nadar aquí, a quienes no tenían dónde ir, solo si estabas afiliado a un club. Pero aquí pasaron más de 60 mil personas de varias generaciones, que nadaron ellos, trajeron a sus hijos y luego a sus nietos”, expresa con orgullo la fundadora

¿Con qué se quedan de estos 41 años de trayectoria?

Aquí organizaban dos grandes eventos: el Día de las Madres y para Navidad.

Detalla que siempre se han premiado los tres primeros lugares, pero la piscina tenía cuatro carriles, así que ella preparaba una cuarta medalla parecida a la tercera, pero con una cinta de otro color. Nadie se quedaba sin ser premiado en la escuela de natación Esther Capriles.

Para ella, cuando los representantes se le acercaban y agradecían, felicitaban por el trabajo, era su recompensa.

Sin embargo, ver que otros chamos siguieron adelante con sus carreras de natación, también los enorgullece. Dentro de esos menciona a los hermanos Pinto y los hermanos Carranza.

Recuerdan que los primeros tres o cuatro años de la escuela, contaron con un equipo de natación y participaron en varias competencias en Ciudad Bolívar y Guri.

Si vuelven a nacer ¿harían nuevamente una escuela de natación en su casa?

– Sí tenemos las mismas oportunidades sí, aunque al principio fue difícil. Había que hacer diligencias, no existían las transferencias, había que ir al banco, mi esposo trabajaba, etc.

Pero en esta casa- escuela que abrió sus puertas a tanta gente, donde siempre había bulla y movimiento, donde las madres dejaban a los chicos en sus clases y entraban a “instalarse” a conversar con la familia Jiménez- Capriles, ahora hay un silencio.

“Yo me asomo, veo todo solo y me da tristeza, me acuerdo de la gente, de los niños, sus pataletas porque no se querían salir de la piscina (risas)… bueno, para eso tengo las cortinas así, para no ver para allá”, confiesa la entrevistada.

Al mismo tiempo, desde su sofá y con su esposo siempre a su lado, dice que tienen derecho a descansar y jubilarse. Él tiene 80 y es paciente oncológico y ella está próxima a cumplir 75. La amabilidad de ambos los hace ver como los abuelos que siempre quieres visitar, para tomar café y galletas.

“Vamos a ver cómo nos adaptamos”, sueltan con optimismo.

El señor Guillermo se levanta unas cuántas veces a buscar fotos, recortes de periódico de sus hazañas como luchador vecinal. En una de esas, la señora Esther, hace hincapié que “ahí donde ustedes lo ven, él es paciente oncológico, lo que pasa es que es la persona más mente positiva que existe”.

Y el equipo de @puertoordaz lo pudo comprobar. A pesar de la clase de economía, él tiene fe.

Cómo no van a tener fe, si la mayor parte de su vida sirvieron a la ciudad, a la región, sin especulación, con ayudas sociales, becas, cupos para niños con autismo y síndrome de down, siempre trabajando y sin recibir subsidios. Si en la vida se cumple “lo que das reciben”, más que justificada está su fe.

Amor por Guayana

La pareja recuerda a Ciudad Guayana como un ejemplo de Venezuela. Donde la visita llegaba y se quedaba maravillada de su planificación y a la vez de la naturaleza.

¿Qué le devolverían a esta Ciudad Guayana de sus inicios?

Esther: Seguridad.
Guillermo: Las Empresas Básicas.

Pero aunque quieren esos cambios positivos para la ciudad, no tienen pensando cambiar de residencia.

“No cambio a Guayana por Caracas, esto sigue siendo bello”, sentencia la señora Capriles.

Con colaboración de Leonervis Hernández

Fotografías Carolina Lovera y Andrea Camacaro

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